Cuando las gotas se hacen río

Publicado el 10-02-2012 en Acciones, Destacadas

Un breve repaso por la Edición del Festival del Río 2012

La segunda edición del Festival del Río ya es parte de la historia, de nuestra historia. Luego de los preparativos, los esfuerzos, los encuentros y las euforias que dejaron tres días inolvidables de enero en el Club de Pesca de Puerto Rico, llega el momento de pensar una suerte de balance desde la organización. Quizás se pueda sintetizar en dos términos: satisfacción y compromiso.

En principio, una gran satisfacción por todo lo que esta edición ha significado. Algunas cifras actúan como elocuentes indicadores: tres jornadas intensas donde coincidieron más de 5000 asistentes en el predio del Club de Pesca; 30 shows en el escenario principal, 20 DJs animando el espacio de música electrónica, 15 charlas-talleres de gran nivel, muestras de artesanos y artistas de toda la provincia. Y por si fuera poco, comidas regionales elaboradas con alimentos sanos producidos en la zona a cargo del espacio “Cocina, chacra y salud”.

Estas cifras hablan del gran crecimiento de la propuesta, pero no llegan a expresar lo distintivo de este festival: aquello que hace al carácter y la diversidad de su propuesta. El espacio busca poder articular tanto la celebración colectiva, a partir de expresiones culturales de la región en un entorno natural, como el fortalecimiento de la conciencia, a partir de la discusión respecto al actual modelo de desarrollo y sus consecuencias sociales y ambientales.

La satisfacción aumenta si se considera el gran esfuerzo colectivo que este festival representa. No debemos olvidar que se basa en el trabajo voluntario, tanto de los organizadores, como de los artistas, disertantes y talleristas participantes.

No son pocas las dificultades que hay que sortear al contar con escasos recursos financieros para poder ofrecer un evento de gran despliegue con entrada libre y gratuita. Este rasgo organizativo apunta no solo a dar mayor acceso al público, sino también a ir avanzando y discutiendo sobre formas de trabajo y organización alternativas a la lógica de mercado. En la actualidad, esta lógica está en el corazón no solo del modelo económico vigente, sino en la base del modelo de sociedad. Y sobre esta lógica de mercantilización se articulan las profundas desigualdades en las relaciones sociales y los graves desequilibrios en la vinculación con el medioambiente.

Este punto señala el otro gran eje que nos motiva a la organización colectiva: la necesidad de profundizar el compromiso de trabajar para lograr mayores niveles de conciencia que permitan avanzar hacia formas de vida en mayor armonía con la naturaleza. En este sentido, sin dudas el río Paraná ha sido uno de los protagonistas centrales del Festival. Acompañado por tres excepcionales noches de luna creciente, el entorno ribereño mantuvo vivo el espíritu del Festival que apunta a revalorizar los ríos como ecosistemas complejos e integrales. La principal causa de su deterioro y amenaza es la construcción de mega represas hidroeléctricas. Estas producen un grave impacto, no solo por la inundación de enormes zonas ribereñas con agua estancada, sino también por la alteración del conjunto de los bosques ribereños y por la condena al desarrollo de toda la fauna acuícola (obra de miles de años de la naturaleza), que precisa de la libre circulación por el río para su existencia.

El Festival, en este sentido, nos impulsa a profundizar el compromiso por trabajar en el fortalecimiento de la conciencia respecto a la importancia de mantener los ecosistemas en equilibrio. Estas acciones cobran especial urgencia en los tiempos actuales, donde desde políticas gubernamentales que responden a fuertes intereses y demandas de los sectores de poder, se planifica la construcción de nuevas mega represas en Misiones. De esta manera, se busca hacer caso omiso a la voluntad popular -manifestada con claridad y contundencia en el año 1996, en plebiscito vinculante-, en pos de un modelo de desarrollo productivo basado en un consumismo suicida, que permite enormes beneficios económicos a un conjunto de actores económicos cada vez más concentrados.

La amenaza es grande, pero la esperanza también. En este sentido, desde el espacio del Festival del Río advertimos con gran entusiasmo la creciente integración de nuevas personas a la organización y las múltiples articulaciones que empiezan a tejerse con organizaciones de toda la provincia y el país con las que compartimos un enfoque similar. Asimismo, la buena repercusión obtenida con esta edición 2012 habilita nuevas vías de trabajo que, tomando la alegría y la creatividad como motores de transformación, nos permiten seguir creyendo que es posible avanzar hacia formas de vida en sociedad en equilibrio y armonía con el medio ambiente.